Poético

tormenta

Muchas veces es solo un impulso. Otras, un fuerte deseo imposible de callar. Aunque la mayoría, es una fuerza incontrolable que nos mueve como muñecos rotos. Hojas movidas por un viento que nace lejos, pero que sopla tan fuerte como si lo hiciera nuestra sombra. Un concierto de Jazz donde los instrumentos no suenan, te golpean. Un sol que no quema, que te deja ciego de todos los sentidos. Desvalido. A merced del destino que, desde ese instante, se apropia de lo acontecido y lo que acontecerá. Todo forma parte de una trama intrínsica donde el protagonista de tu vida has dejado de ser tú, a partir de ahí, el actor principal ya es otra persona. Alguien desconocido, pues no ha sido una elección meditada. Alguien que obtiene más poder que la familia más cercana. La mente se ha nublado de tal forma, que uno aprende a vivir entre nubes de algodones dulces y densos, del color y gusto que aquella persona desee.

Hay quien tiene la habilidad de usar la razón para disiparla, para controlar su fuerza y evitar esa sacudida emocional. Luego, están todos los demás. Los que viven en una tormenta de rayos que siempre consiguen alcanzar su objetivo. Y lo hacen partiendo el corazón en dos. Eso, a la par de divertido y doloroso, tiende a causar una adicción creciente que nada conseguirá silenciar. Nada que no sea rendirse a la evidencia más transcendental. Tu mundo ha pasado a ser el suyo, y el suyo el tuyo.

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Fragmento

día especial

Acompaña el aroma de este café una brisa que no es la de cada mañana. Esa que hace entrar el mar en mi cocina impregnando cada rincón de gusto salado. Hoy es distinto. La madera vieja de los armarios, cruje como si la tierra se moviera. Quizá lo esté haciendo. Desde que me he levantado de la cama, no he reparado ni siquiera en mirarme los pies. Ni me he vestido para tapar esa piel arrugada que el tiempo me deja de recuerdo. Por suerte, hace años que carezco de espejos en esta casa. Estas paredes encierran mucha historia. Ambos competimos por ver quién colecciona más años, y a pesar que los míos no me han tratado demasiado mal, la casa me gana con diferencia. La vieja casa de playa que antes que mía fue de mi padre. Y antes de él, del suyo, y del suyo, y así hasta perderse.

Hoy el café también sabe distinto. A gloria bendita. Como siempre, el deleite llega más por mi nariz, que me cuesta a horrores despegar de la taza desconchada en todas sus esquinas, que no mis labios al degustar tal brebaje oscuro. Supongo que tras más de sesenta años siguiendo el mismo ritual matutino, los detalles importan. Y eso mismo, me constata que hoy es un día especial. Es un día en que el café huele a mar, y el mar sabe a café recién hecho.

Hoy es mi día. Y aunque eso no tiene demasiado de especial, me encargaré que lo sea.

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Fragmento

prólogo

Todo sucede por una razón. Siempre. En mi caso han sido varios los motivos. No ha sido ni uno, ni dos, ni tres. Han sido tantos, que lo que va a suceder aún está por llegar. Que paradójico, ¿verdad? Saber que algo va a pasar y no poder evitarlo de ningún modo. Eso es haber perdido. No es la derrota por no haberlo logrado. Ni la humillación de haber fracasado. Ni tan siquiera la verguenza de sentirse inferior. Es verlo traslúcido como el agua cristalina, y a pesar de semejante clarividencia, solo llegar a la impotencia de no poder hacer nada. La sinrazón del propio hecho, al fin y al cabo.

Dicen que todo cambia. Hasta la muerte es solo un cambio. Pero hay cosas, que nunca deberían cambiar. Jamás. Los muertos son solo muertos. Y los vivos, solo muertos que desconocen estarlo. Bendita ignorancia la nuestra. Sin embargo, no me he sentido más vivo qué cuando he estado muerto.

Comprende las razones y entenderás, no quién soy yo, pues eso ya no importa, serás consciente de quién demonios has sido tú. La verdad espera, y aunque no lo parezca, no va a aguardar todo la eternidad a que des el primer paso. Date prisa.

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cogito, ergo sum

Si deseas algo con mucha fuerza puede hacerse realidad.

Lo has oído tantas veces que por reiteración casi lo has aceptado, pero en realidad, sigues sin creerlo. ¿Cómo sería eso posible? El devenir del destino a merced de los deseos de una simple persona. Nuestra determinación llegando a influir más allá de nuestra propia elección. Exteriorizar fervientemente un deseo propio, egoista de una vida insulsa en comparación con el resto del mundo, pudiendo cambiar el consiguiente porvenir. Solo de pensarlo uno tiene la tentación de ridiculizarlo y reprochar que eso es imposible. Esa reacción forma parte de nuestra condición humana. Al igual que lo es, tener siempre la negación por respuesta a todo. El no es la única palabra que no nos comporta razonamiento alguno. Sale sin pensar. Partimos de la negación para valorar si luego, después de haberlo negado, puede ser posible. Es nuestro origen.
No. Es imposible. No es verdad. No lo sé. No puede ser. No. Nunca.

Lo que no conocemos, nos asusta. Lo que no controlamos, nos asusta. Lo que no hacemos nosotros mismos, nos asusta. Asustadizos de prácticamente todo, ¿cómo nos tomaríamos el hecho que nuestro pensamiento fuera mucho más que un conjunto de neuronas trabajando? Por un momento practiquemos el ejercicio inverso. Partamos de la afirmación. Asintamos a todo como si todo fuera posible, y neguemos, solo después de haberlo analizado con el máximo detenimiento.

Y ahora, partamos del pensamiento, no como un conjunto de razonamientos propios de nuestra mente. Partamos del hecho que aquello que pensamos, proyectamos, imaginamos o deseamos, genera una energía invisible que transmuta fuera de nuestro cuerpo. Que cuanta más determinación tiene ese pensamiento, más fuerza dispone la energía emanada. La de todos.

La proyección externa, se transforma formando parte de una orbe común. La energía de uno es capaz de mutar la de otros. Y la de otros la nuestra propia. Es un vínculo sellado por múltiples pensamientos. En tal interacción, transferencia y evolución de un universo energético generado sin fin, ya no cuesta tanto de creer en el poder de mutar la realidad que nos envuelve. Porque la realidad es la que nosotros hacemos. La que deseamos. La que anhelamos y amamos. Pero también la que odiamos. La que ocultamos y la que tememos. Con la proyección adecuada, todo es posible.

No somos aquello que tenemos, decimos o hacemos. En realidad, somos mucho más. Somos aquello que pensamos, y lo que piensan los demás.

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conexión

Todo está conectado entre sí.
Cada rastro en el camino, por pequeño que sea.
Cada fracción de vida. El tiempo, el pensamiento, el amor, el dolor. La muerte.
Todo lo que importa, y lo que no. Lo desconocido. La verdad, y la mentira que la esconde.
La piedra inerte en la que nadie repara, y el agua que se hace invisible.
El recién nacido, el niño que ha dejado de serlo y el anciano que añora volver a nacer.
Los amantes que se devoran como lo hace el tiempo con el mundo.
Aquellos labios que besaste apasionadamente. Y los que nunca besaste.
El libro que hubieras querido leer, pero que nadie escribió.
El baile con aquel desconocido que nunca volviste a ver.
Quién quisiste ser, truncado por quien eres.
La sombra y la luz.

Todo. Absolutamente todo, está conectado.

La vida es un juego.
Nadie sabe cuando empezó la partida, ni el abasto de su tablero.
Cual la música que sonó por primera vez, y la que lo hará al acabar.
Cuando terminará, si es que lo hace.
Un juego perfecto que escapa a cualquier comprensión.
La suerte. El azar. El engaño. La humanidad. Hasta lo que nos hace poco humanos.
Un juego de locos. De pasión. De meditación. De valientes y cobardes.
Un juego. Nada más que un juego, por el que no hay que preocuparse.
Nadie sabe jugar. Aunque unos aparentan hacerlo y otros fingen estar por encima de ello. Todos juegan, y son pocos los que son conscientes de ello.

Tú, eres la conexión de todo. Y todo, la conexión de cada uno.
Es un juego. Solo un juego. Y te toca lanzar.

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Poético

Acariciar tus pechos me ayuda a tocar el cielo. Tus labios, el sabor a mar que nos vio nacer. Tu mano acariciando la mía, la unión mística entre dos mundos distintos. Tan distintos, que uno vive en el otro y el otro en el uno. Tan dispares, que son el mismo aún no serlo.

Tu olor mi droga más ferviente. Tu vida mi bien más preciado. Más que la mía propia. Que ni es mía, ni es propia. Solo tuya.

El sol sigue, y brilla intenso, pero es tu cuerpo el que calienta mi cuerpo. El que me da la vida. El aliento de mi última respiración. Tú, el sentido de la sinrazón, y la razón de todos mis sentidos. Aún ser inconfesables. 

Quien sacude mi pasión a su antojo cuando mi piel pide tu piel. Entonces lo sé. La vida no la mide el tiempo, sino los jadeos susurrados al oído. Aquellos que no consigo olvidar. Mi respirar me mantiene vivo, pero es el tuyo el que me hace sentir como tal.

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