Fragmento

ōrāclum

—Siendo usted mi gran mentor, quién me ha enseñado todo lo que sé, lo que no se puede saber y quién debe conocer lo qué puede descifrarse, me pregunto que vio en mí para suponer que algún día podría ser un alumno más de su escuela.

—No es lo que vi, querido aprendiz, sino más bien a quien.

—¿A quién, maestro?

—A mí mismo —le acarició la cabeza con la palma abierta—. Un joven inexperto con ganas de entender la vida. Solo eso.

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