Opinión

populis

La fama es efímera. Algo que no dura eternamente. Un abrigo temporal que puede hacer sentir bien al principio. El poder de ser un referente. Pero solo es eso. Una falsa ilusión que confunde los cimentos de la propia existencia personal. Una borrachera de puro ego que nubla la vista y acorta la vida del bebedor. 

Con el cambio estacional empiezan las calores. Sudores constantes. Noches de vueltas y pesadillas. El arrepentimiento y la valoración de sus efectos. La piel quema cuando uno ya no sabe quien es. 

Tras años de llevar siempre puesto el mismo abrigo, se vuelve pesado. Una carga que cada día es más árdua. Después de tiempo sin mostrarse desnudo a nadie, ni a uno mismo ante un espejo, ya no quedan fuerzas ni coraje para hacerlo. Un mundo de aparencias. Irreal pero bello. Nadie se reconoce porque nadie ha guardado la esencia de su ser. Calcas de una impremta de duplicados, donde todos somos copias exactas de modelos que han resultado atractivos. El resultado de una maquinación diabólica. La fama. Su poder. El famoso. Y el que ansía serlo algún día. 

Anuncios
Estándar
Poético

Ya no recuerdo su voz. Apenas conservo una imagen clara de su rostro. Tengo la sensación de guardar imágenes borrosas, desvirtuadas por completo. Recuerdos esquivos de una cara que antaño veía a diario y soñaba cada noche. Y ahora es algo intangente. Una realidad paralela que jamás llego a alcanzar. 

Empezó siendo un deseo, un anhelo. Luego un imposible. Un fantasma. De ahí, a un vago recuerdo incompleto. Hasta convertirse solo en una neblina imperceptible. Ya solo noto el run run si te busco muy adentro. Si rasco a conciencia en mi alma. 

Estándar