Opinión

Dice algún proverbio que solo cuando el dolor aflora, uno siente que realmente está vivo.

Mientras llega ese instante, deambulamos en tránsito por una vida insulsa que no proporciona la perspectiva suficiente para darle la importancia que requiere tal salud desprestigiada. Siempre ocurre así. Nadie escapa a tal condición humana. Empatizamos con la sociedad, con los animales, y hasta con materia inorgánica, pero nunca lo hacemos con el tiempo. El imparable tiempo que a todos aguarda y a nadie espera. De hacerlo, valoraríamos cada instante respirado. Respetaríamos lo que hacemos ahora adorando el pasado, no temiendo al futuro incierto. Seriamos dignos felices en vida, no solo de estar vivos, sino de vivirla.

Cuando algo se pierde, nos centramos en tan solo recuperarlo. A toda costa si es posible. Cuando es entonces que deberíamos dar gracias por los momentos vividos en plenitud. Hasta por los que nos quedan.

Siempre hay tiempo para agradecer. Siempre hay más camino que andar. Pero, aunque siempre es mucho tiempo, es mejor hacerlo hoy que mañana.

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