Poético

Acariciar tus pechos me ayuda a tocar el cielo. Tus labios, el sabor a mar que nos vio nacer. Tu mano acariciando la mía, la unión mística entre dos mundos distintos. Tan distintos, que uno vive en el otro y el otro en el uno. Tan dispares, que son el mismo aún no serlo.

Tu olor mi droga más ferviente. Tu vida mi bien más preciado. Más que la mía propia. Que ni es mía, ni es propia. Solo tuya.

El sol sigue, y brilla intenso, pero es tu cuerpo el que calienta mi cuerpo. El que me da la vida. El aliento de mi última respiración. Tú, el sentido de la sinrazón, y la razón de todos mis sentidos. Aún ser inconfesables. 

Quien sacude mi pasión a su antojo cuando mi piel pide tu piel. Entonces lo sé. La vida no la mide el tiempo, sino los jadeos susurrados al oído. Aquellos que no consigo olvidar. Mi respirar me mantiene vivo, pero es el tuyo el que me hace sentir como tal.

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