Fragmento

prólogo

Todo sucede por una razón. Siempre. En mi caso han sido varios los motivos. No ha sido ni uno, ni dos, ni tres. Han sido tantos, que lo que va a suceder aún está por llegar. Que paradójico, ¿verdad? Saber que algo va a pasar y no poder evitarlo de ningún modo. Eso es haber perdido. No es la derrota por no haberlo logrado. Ni la humillación de haber fracasado. Ni tan siquiera la verguenza de sentirse inferior. Es verlo traslúcido como el agua cristalina, y a pesar de semejante clarividencia, solo llegar a la impotencia de no poder hacer nada. La sinrazón del propio hecho, al fin y al cabo.

Dicen que todo cambia. Hasta la muerte es solo un cambio. Pero hay cosas, que nunca deberían cambiar. Jamás. Los muertos son solo muertos. Y los vivos, solo muertos que desconocen estarlo. Bendita ignorancia la nuestra. Sin embargo, no me he sentido más vivo qué cuando he estado muerto.

Comprende las razones y entenderás, no quién soy yo, pues eso ya no importa, serás consciente de quién demonios has sido tú. La verdad espera, y aunque no lo parezca, no va a aguardar todo la eternidad a que des el primer paso. Date prisa.

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