Fragmento

prólogo

Todo sucede por una razón. Siempre. En mi caso han sido varios los motivos. No ha sido ni uno, ni dos, ni tres. Han sido tantos, que lo que va a suceder aún está por llegar. Que paradójico, ¿verdad? Saber que algo va a pasar y no poder evitarlo de ningún modo. Eso es haber perdido. No es la derrota por no haberlo logrado. Ni la humillación de haber fracasado. Ni tan siquiera la verguenza de sentirse inferior. Es verlo traslúcido como el agua cristalina, y a pesar de semejante clarividencia, solo llegar a la impotencia de no poder hacer nada. La sinrazón del propio hecho, al fin y al cabo.

Dicen que todo cambia. Hasta la muerte es solo un cambio. Pero hay cosas, que nunca deberían cambiar. Jamás. Los muertos son solo muertos. Y los vivos, solo muertos que desconocen estarlo. Bendita ignorancia la nuestra. Sin embargo, no me he sentido más vivo qué cuando he estado muerto.

Comprende las razones y entenderás, no quién soy yo, pues eso ya no importa, serás consciente de quién demonios has sido tú. La verdad espera, y aunque no lo parezca, no va a aguardar todo la eternidad a que des el primer paso. Date prisa.

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Fragmento

Las serpientes campan a sus anchas por todo el mundo, cual demonio conquistando el paraíso. Un animal bello, mágico, con una adaptación al medio única, que ha hecho de su evolución hasta nuestros días, un mero trámite en el que decidió perder las patas para ser más ágil, feroz e imprevisible. Mata desde el primer momento que nace. Y es letal. Siempre.

Tan solo hay un continente en todo el planeta que no alberga semejante depredador. Solo uno. Quizá por ello, la primera vez que vi una serpiente en la Antártida, fue en un sueño. Una pesadilla de esas que no acaban con un mordisco venenoso, sino con una constricción exagerada que licua los huesos y exprime tu alma hasta su propia inexistencia.

A partir de entonces, oigo su cascabel a mi alrededor cuando permanezco en silencio. Diviso el rastro de las marcas por donde se ha arrastrado. Noto las caricias en mi piel de su lengua bífida. Y aún no verla, presiento que sigue ahí. Observando todos mis pasos a través de sus ojos, sin parpadear. Atenta a cualquier falso movimiento.

Sin embargo, ésta no es una historia de serpientes. Ni de sueños y miedos aterradores que acechan sin cesar. Ésta es mi historia. La historia de cómo empezó todo.

Anteprólogo de ‘Serpientes en la Antártida’ (Saga Lemnis)

prólogo

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Fragmento

—Soy de esos que miran el reloj varias veces y siguen sin saber la hora. De esos que se compran mocasines para evitar tener que atarse los zapatos. Que arrastran los pies y visten sin complicaciones. Y de los que, como tú,  evitan mirar a la gente a los ojos cuando mienten sin escrúpulos.

Fragmento de ‘Serpientes en la Antártida’ (Saga Lemnis)

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Fragmento

—Si formulas las preguntas adecuadas, obtendrás siempre las respuestas esperadas. Cuando de verdad preguntes, hazlo como cuando te lo preguntas a ti mismo. Entonces las respuestas serán tan distintas, que te llevarán a más preguntas. Y más. Y más.

Fragmento de ‘Serpientes en la Antártida’ (Saga Lemnis)

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