Fragmento, Poético

tiempo

Creemos que muchas veces las cosas se solucionan solas, pero es el tiempo el que las repara. De hecho, ese elemento indispensable en la vida, es siempre el que acaba por resolverlo todo.

 

tiempo-reloj

Anuncios
Estándar
Fragmento, Poético

por ellos

‘Cuando no puedas respirar, piensa en ellos. Hazlo solo por ellos. Entonces, por imposible que parezca, lo harás. Porqué lo importante no ha sido nunca tu respirar, sino el de ellos. Así es como el mundo sigue girando. Día tras día. Porqué solo hay una cosa que nos hace a todos iguales. Solo una en esta vida singular. Alguno hasta tiene la suerte de ser padre, que espléndida bendición ¿verdad? Pero todos, absolutamente todos, pasan a ser hijos de alguien. Yo te digo ahora, hijo mío, no lo hagas por ti, ni tan siquiera por mí, hazlo solo por ellos. Y serás capaz de todo.’

Fragmento de ‘Avísame cuando esté muerto’.

Estándar
Fragmento

Social

Nadie merece más que un puñado de sucias mentiras y roñosas falsedades. Eso es, imbécil. ¿Ahora lo ves claro? Pagado con tu propia moneda. Con la que compraste tu dignidad y tu vida, para luego prostituirla por tan solo una risotada estúpida con tus tristes colegas de copas. Nada más que eso. 

Podrías haber sido tanto. Haber hecho tanto. Podrías haber sido ante todo persona. Tener vida y disfrutarla sin estar tan atento en mostrarla a los demás. En empeñarte en vivir la que nunca ha sido la tuya. Podrías haber sido algo más que una esponja deambulando por los rincones de redes sociales. Borracho de Internet. Resacoso de likes, opiniones baratas, gilipolleces e insultos anónimos sin sentido. 

Vive. Sé libre del yugo de la Red.

Estándar
Fragmento

Las serpientes campan a sus anchas por todo el mundo, cual demonio conquistando el paraíso. Un animal bello, mágico, con una adaptación al medio única, que ha hecho de su evolución hasta nuestros días, un mero trámite en el que decidió perder las patas para ser más ágil, feroz e imprevisible. Mata desde el primer momento que nace. Y es letal. Siempre. 

Tan solo hay un continente en todo el planeta que no alberga semejante depredador. Solo uno. Quizá por ello, la primera vez que vi una serpiente en la Antártida, fue en un sueño. Una pesadilla de esas que no acaban con un mordisco venenoso, sino con una constricción exagerada que licua los huesos y exprime tu alma hasta su propia inexistencia. 

A partir de entonces, oigo su cascabel a mi alrededor cuando permanezco en silencio. Diviso el rastro de las marcas por donde se ha arrastrado. Noto las caricias en mi piel de su lengua bífida. Y aún no verla, presiento que sigue ahí. Observando todos mis pasos a través de sus ojos, sin parpadear. Atenta a cualquier falso movimiento.

Sin embargo, ésta no es una historia de serpientes. Ni de sueños y miedos aterradores que acechan sin cesar. Ésta es mi historia. La historia de cómo empezó todo. 

Anteprólogo de ‘Serpientes en la Antártida’ (Saga Lemnis)

Minientrada