Opinión

Dice algún proverbio que solo cuando el dolor aflora, uno siente que realmente está vivo.

Mientras llega ese instante, deambulamos en tránsito por una vida insulsa que no proporciona la perspectiva suficiente para darle la importancia que requiere tal salud desprestigiada. Siempre ocurre así. Nadie escapa a tal condición humana. Empatizamos con la sociedad, con los animales, y hasta con materia inorgánica, pero nunca lo hacemos con el tiempo. El imparable tiempo que a todos aguarda y a nadie espera. De hacerlo, valoraríamos cada instante respirado. Respetaríamos lo que hacemos ahora adorando el pasado, no temiendo al futuro incierto. Seriamos dignos felices en vida, no solo de estar vivos, sino de vivirla.

Cuando algo se pierde, nos centramos en tan solo recuperarlo. A toda costa si es posible. Cuando es entonces que deberíamos dar gracias por los momentos vividos en plenitud. Hasta por los que nos quedan.

Siempre hay tiempo para agradecer. Siempre hay más camino que andar. Pero, aunque siempre es mucho tiempo, es mejor hacerlo hoy que mañana.

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Opinión

liber

Cuando la libertad es lo único que no se tiene, todo lo demás no tiene importancia. La elección propia en cualquier ámbito, condiciona todo lo demás. Siendo así, la gran mayoría no permanece esclavo de su sometimiento y abandono, sino del eterno condicional que ruega por lo que podía haber sido y no fue. De la posibilidad infinita de un pasado irreal. Uno que siempre es mejor que el presente. 

Ciertas personas se encuentran cómodas en una situación de acatamiento de decisiones ajenas, responsabilidades eludidas y libertades coaccionadas. Ese conformismo no alberga otra cosa que la comodidad y el desentendimiento de la vida. No es un necio que viva más feliz por su ignorancia, aunque lo disimule bien. No es un maestro escapista del destino establecido, aunque parezca estar al margen. No es nada. Nada más que lo que otros quieren que sea. 

En cuanto perdemos la identidad, el deseo, los objetivos propios, o incluso todos ellos, nos perdemos a nosotros mismos. Ya no importa lo que hagamos, lo que sintamos o lo que deseábamos haber hecho, sido o sentido. Carece de importancia el ‘Y si’. Lo que no se ha hecho, no se puede volver a hacer. 

Tras comprender esto, se puede intentar entender el futuro inesperado. A menudo el destino no lo marcan nuestros actos, sino los que nunca se han llevado a cabo. Las consecuencias vienen en forma de frustración. En forma de una culpa de la que nadie puede huir ni borrar como si nada. ¿Acaso puede alguien ser culpable de algo que nunca ha pasado? Eso mismo pensaba yo.

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Opinión, Poético

recuerdos

El recuerdo de su adiós hace que aún esté presente. Esa es la ausencia de una persona amada. Quizá no se pueda tocar, no oigamos su voz, ni podamos oler de nuevo su piel. Tampoco disfrutar de su sonrisa, ni su mirada tierna. 

Aunque ya no esté en ese abrazo fugaz, ni en el beso que nunca pudimos darle, ha quedado impregnada su esencia. Sigue estando presente en nuestros pensamientos. En los sueños. En la forma de actuar. Es todo aquello que nos hace ser la persona que somos hoy. ¿Acaso hay algo más importante que eso?

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Opinión

confianza

La confianza es esa puerta que siempre debemos abrir a cualquiera que requiera entrar. Una puerta batiente que oscila su apertura en ambos lados por igual. Uno puede entrar y salir, y volver a entrar cuando se desea.

Pero también una, que una vez cerrada, atascada en cualquiera de sus lados, no tolera entrar ni siquiera el aire. Un cierre tan hermético, que uno no puede respirar en el lado donde no ha sido invitado. Se convierte en una dimensión inhabitable. Completamente inaccesible. Nadie accede sin invitación. No se puede comprar. Ni derribar de una patada. Solo puedes golpear desde su exterior cada día y esperar. Esperar que cierto día, ese alguien, por fin te deje entrar.

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venganza

Caramelo de dulce amargor es la venganza. Un deseo irreductible que a pesar de ser justo y consecuente, deja un mal sabor de boca. La condena de un peso doble. Uno por la pérdida, y otra por la reacción que sacude la consciencia. Y de esa, jamás nadie puede escapar.

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barcelona

Tots som Barcelona.

Todos contra el terrorismo estéril e inútil. Matar a traición, por la espalda, de forma anónima, por nada, por hacer daño a quien sea y donde sea, no es sino el acto más cobarde, ruin e inhumano que nadie puede llevar a cabo.
No hay reivindicación posible. No hay redención para los agresores. Esto no es una guerra. Esto no es una lucha. Son actos insanos de un colectivo enfermo de rencor.

Aunque yo sé el auténtico motivo del porqué lo hacéis. Porqué no tenéis respeto a vuestra vida ni a la de nadie. Porqué no os importa nada. Ni tan siquiera la vida de niños indefensos. Respiráis odio. Sudáis odio. Vivís por el odio. Vuestra vida es odio.
Y en el odio os extinguiréis.

Aquí no tenéis cabida. No hay lugar para el terror.
Aquí no existís, porqué no queremos que lo hagáis. Ahora ya lo sabéis. No ganaréis nunca porqué no tenéis nada qué ganar.

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Cuando la oscuridad acecha con una magnitud desorbitada, es cuando mejor intuimos la luz que nos rodea. Si bien el ciego es el que más puede ver, ¿porqué siempre tenemos tanto miedo? Ese pánico horrible a la oscuridad. Un miedo irracional que no hace más que alimentar la desdicha de no ver más de lo que tenemos a dos palmos. La inmediatez. La acomodación, conformación y aceptación que somos simples y terrenales. Pura ciencia para eruditos o un milagro para devotos. O quizá, la fusión de todo en una comunión caótica de impulsos biológicos y pensamientos abstractos. De ascensiones místicas y precipitaciones emocionales. De biología empírica, evolución celular y concepción natural. 

¿Qué es la vida? Se preguntan los más valientes. Propósitos, objetivos y motivación para la superación de la especie. Eso suena más bien a supervivencia, ¿no creen? A la más alta competición con la mejor recompensa y el peor castigo. Esto no es un juego de ganar o perder. En el siglo en qué vivimos eso ya no cuenta. Se sabe que todo es más que eso. Las respuestas casi siempre están donde uno no espera encontrarlas. Las respuestas no se buscan, te encuentran. Y el juego de la vida es que no es un juego. Ni un tablero donde jugar. La vida no se observa, ni se vive. Solo se percibe y se siente. No vive más el que más respira, ni el que tiene más razón. Sino el que lo hace con el corazón.

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